domingo, 24 de enero de 2016

Capitulo 18: Ayuda sorpresa

El fin de semana pasó más rápido de lo que les gustaría a los alumnos del W. Disney.
-Te dije que era impresionante.
-Aun no me creo lo que hicimos el sábado.
-Lo sé. Ves Al, te dije que no te arrepentirías.
-¡Fue alucinante! ¿De qué conocías al guardia de seguridad?
-Flynn Rider tiene sus contactos.
-Si, pues espero que tus contactos sean de fiar, porque sino...- Se rió.
Unas palmaditas en el pecho provocaron que subiera la mirada y observo la cara de su amigo petrificado.
-Es impresionante.- Susurro el castaño.
Alan miro hacia la dirección que su acompañante no dejaba de mirar.
-Guau.- Es lo único que pudo decir.
-Lo sé.
-Es...
-Mira que curvas.
-Joder, es impresionante.
Todo los alumnos miraban a la misma dirección, un brillante coche rojo descapotable aparcaba en el parking.
Del coche salieron unas piernas bronceadas acabadas en unos dorados tacones, estas acababan en una minifalda negra.
Alan no pudo evitar reírse para sí mismo cuando vio a la chica, ¿cómo no se lo había imaginado antes?¿Quién podría ser sino?
La joven de larga melena negra cerró el coche y fue camino de su taquilla.
-Cierra la boca Flynn, que entran mosca.- Susurró al pasar delante de los chicos.
El chico de pelo negro miro su amigo, que todavía tenía el gesto de asombro, con una sonrisa de oreja a oreja.
-¿Qué?- Preguntó el castaño.
-Nada, nada.- Explotó en una risa.
-¿Enserio que piensas que tienes alguna oportunidad con esa tía?
-¿Es que lo dudas?



-¿Qué tal señor?¡Me han dicho que me querías ver!
-Siéntese Mushu.
El chico delgaducho se sentó delante del escritorio del señor mayor de barba blanca.
-¿Sabes que estamos buscando un nuevo profesor de deportes?
-Si.
-Bueno, he pensado que ya llevas tu tiempo trabajando aquí...
-Así es.
-Por lo que creo que puedo confiar en ti y...
-¡No me digas más!- Se levantó del asiento.- ¡No tienes que buscar más!¡Estaré encantado de ser el nuevo profesor!
-¿Qué?- Se empezó a reír locamente el hombre mayor.- Por supuesto que no pensaba en ti. Yo te quería pedir que buscaras al nuevo profesor. Tú estas bien en tu puesto de chico de los recados.
-¿Qué? Pero creía...
-Mushu.
-¿Si?
-¿Has entrenado a un equipo alguna vez?
-No, pero...
-¿Tienes el título universitario?
-No, pero...
-Pues no tenemos nada más que hablar. Buenos días.- Le indico la puerta.
El larguirucho cerró la puerta tras de sí.
-Tres años, ¡tres años!, trabajando para él, lavando las toallas, de recoge pelotas, cortando el césped,... total, ¿para qué? Para nada, ni un miserable gracias.- Refunfuñaba por los pasillo.
-Es horrible.- Oyó a una voz femenina.
-Claro que lo es.
-Lo voy a dejar, no voy a lograrlo.
-¿Qué?- El chico paró en secó y miro a su alrededor, ¿quién era la que estaba hablando? Se escondió detrás de las taquillas a escuchar al grupo de chicas.
-Venga Mulan, seguro que podrás con todos,
-No, me tienen por un nenaza.
-¡Oh, vamos! Tú les puedes demostrar que no lo eres.
-Solo tienes creer en ti misma.
-Se lo tienes que demostrar al grupo de Artes Marciales.

¿Artes Marciales? Ese club era solo para chicos.

-Nadie me toma enserio, no soy nadie para ellos, todos creen que soy un perdedor friki desviado.
-Seguro que podemos hacer algo, para enseñarle a los chicos lo machotes que eres. No puede ser muy difíci,... son tíos.
-En eso Mérida tiene razón, son fáciles de manipular.

¿Qué? Esta es tu oportunidad Mushu, imaginatelo, ayudas a la primera chica a estar en el club de artes marciales. Cuando el jefe se enteré y vea lo que has conseguido seguro que querrá ascenderte. 

-Solo hay que tratar un buen plan.
-Si, ¿pero cuál?
-Creo que yo os podre ayudar en eso.- Dijo alguien detrás del grupo de amigas
-¿Quién eres?
-Alguien dispuesto a ayudaros en el problema que tenéis.



-Si duermes tanto igual te pierdes tu cumpleaños.
-¿Qué? No estaba durmiendo.- Dijo la rubia estirándose.
-Ya,... nos conocemos desde siempre y aún piensas que me lo voy a tragar.
-Bueno, yo me preocuparía más en la fiesta, espero que no sea aburrida. Recuerda, me dijistes que sería inolvidable.- Le dijo mientras caminaban durante el cambio de clase.- ¿Y bien?
-¿Qué?
-¿Qué me tienes preparado?
-Eso es una sorpresa.
-¡Oh, vamos!
-No te lo voy a decir.
-¡Aurora!- Grito una voz más aguda.
-Audrey, ¿qué tal?
-Bien, solo te quería decir, que me acuerdo que mañana es tu cumpleaños, y te he hecho esto.- La chica sacó detrás de si un dibujo de los tres y una corona hecha a mano.
-Awwww, muchas gracias.- Le abrazo.- Tranquila, que este fin de semana lo celebraremos.
Después de esto la niña se fue corriendo.
-Me tendras que decir algo para saber que hacer mañana.
-¿Oyes eso?- El castaño se acercó la mano a la oreja.
-¿El qué?
- Creo que me están llamando.
-Felipe...
-Va, enserio, me tengo que ir.
-No hagas esas tonterias. ¡Felipe!¡No me hace ninguna gracia!- Grito al ver que se alejaba.- ¿Qué me pongo mañana?
-Adios Aurora.- Grito a varios metros de ella.


-Hola Bella.
La chica que no apartaba la vista del libro rezó para que la voz no fuera de quien es. Levantó la vista y lo encontró a él, alto, musculoso, ojos azules, pelo negro.
-Bonjour, Gaston.
El chico se rió para si.
-Siempre me ha encantado cuando me saludabas en italiano.
La castaña se mordió la lengua para no reprocharle nada, ¿italiano?¿enserio?
-¿Sabes qué?
-¿Qué?
-Soy el nuevo capitán del equipo de fútbol, la verdad que no me extraña, ya me lo esperaba.- Dijo mirando sus músculos.
-Es algo impresionante.
-Lo sé, bueno...- Dijo sentándose al lado de la muchacha.- ¿Qué lees?- Le arrebató el libro de sus manos.- ¿Un joven apuesto?- Leyó lentamente.- Oh, ese soy yo. ¿Para que vas a imaginar con jóvenes apuestos teniéndome a mi?- Tiró el libro.
-Bueno,- recogió al libro- hay cosas que solo se pueden conseguir con la imaginación.- Se levantó y se encontró al chico delante de ella.
-No, si tú lo deseas.- Le susurro y la acorralo en la estantería.
-Gaston, me encantaría hablar pero... he quedado con alguien,- se escabuyó de la situación- me han obligado a ser la tutora de un chico de mi clase, y claro si no lo cumplo me bajaran la nota, ya sabes...
-Bueno, esperare contigo.- Volvió a sentarse a su lado.- Como iba diciendo antes... soy el capitán del equipo y vamos a hacer una fiesta...
-Hola.- Dijo otra voz grave.
-¿Eh? Si, y te quería decir...
-¿Gaston?
-¿Qué?- El moreno se fijó que el chico que antes había saludado seguía esperando a su lado.- ¿Qué pasa contigo?- Le dijo al rubio.
-Gastón, él es mi alumno.
-Ah, bueno.
-Ya me diras eso otro día.
-¿Eh? Si,si.
-No te importa, ¿verdad? Allí hay un grupo de chicas que están deseando que hables con ella, así que me parece que no te dejo tirado.- Dijo la castaña preparando todos los libros.
-Si, no te preocupes por mí, siempre me acompañan.
Bella le mando una sonrisa falsa.
-Bueno, adios.

sábado, 9 de enero de 2016

Capítulo 17: Fin de la fiesta

La música sonaba por todas partes, había basura en todos sitios, la piscina estaba llena de espuma, se habían roto varios cristales y para colmo, todavía la casa estaba llena de gente.

-¿Qué hora es?- Preguntó Elsa.
-Van a ser las 21:00.- Respondió Bella mirando su reloj de muñeca.
-¿Ya? Tengo que encontrar a mi hermana, nos tenemos que ir.- Se levantó rápidamente e intento recoger todas sus cosas.
Abrieron la puerta y encontraron todo el pasillo lleno de gente y de basura.
-Pero, ¿qué ha pasado?
-No lo sé.
-A Ariel le va a matar su padre.
-No me extraña. Tengo que encontrar a mi hermana.- Dijo sacando su teléfono móvil.
Las dos chicas caminaron lentamente por el pasillo.
-Bella,- exclamó un pelirroja al girar la esquina- ¿dónde estabas?
-En el despacho.
-Por favor, dime que no está ensuciado y no hay nada roto.
-No, no, tranquila, ¿pero que ha pasado?
-Se nos ha ido de las manos han llegado universitarios y alumnos del instituto de todos los años. Ha sido un desastre.- Dijo mientras recogía los vasos y platos de plástico en una bolsa de basura.
-Ariel, ¿no habrás visto a mi hermana?
-No, hace un rato que no la he visto. La última vez estaba en el jardín, prueba allí.
-Vale, gracias.- Le sonrió.- Ah, y gracias por invitarnos. Adiós.
-De nada. Adiós.
-¿Qué ha pasado para este desastre?
-No lo sé, de repente había un montón de gente, de nuestra clase, de cursos mayores, ¡hasta universitarios! Bella, no sabemos como pararlo.
-Haber, tranquilízate. Lo vamos a solucionar. Oye, ¿qué habéis hecho al final con Sebastián?
-Sebastián, ¡Sebastián!- Exclamo preocupada la pelirroja. Y se fue corriendo.
-¿Ariel?- Le siguió Bella.- ¿Qué ocurre?- Dijo casi sin aliento al llegar a la puerta de la biblioteca.
-No, no, no está.- Dijo inspeccionando la mesa, donde solo se encontraba un jarrón.- No puede ser.- Palpó toda la superficie de la pequeña mesa.
-¿Qué buscas?
-Una llave.- Se agacho para mirar en el suelo.- Tenemos que buscar a Arista.- Le agarró de la mano y estiró de la castaña.


-Arista, Arista espera.- Le cogió el brazo, obligandola a parar. La rubia giró vagamente la cabeza, dejando ver sus ojos brillantes por las lágrimas que estaban a punto de brotar. - ¿Qué te ocurre?- Dijo casi sin aliento.
-No lo ves, ha sido un desastre y todo por culpa mía.
-No, no digas eso.
-Mis hermanas y yo nos la vamos a cargar, cuando ellas querían parar la fiesta y tener más cuidado. Pero yo, les dije que no, que se tranquilizaran, que nos pasaría nada, y mira el resultado.
-Todo va a salir bien.- Dijo quitandole el flequillo de la cara.
-No, Max, todo el mundo sabe que no. Lo único que podemos hacer es limpiar un poco para que sea lo menos desastroso posible.
-Mira,- dijo agarrándole las dos manos- todo va a salir bien, ¿de acuerdo?
La chica no le pudo responder, ni siquiera se atrevió a mirarle a los ojos.
-De acuerdo.- Susurró tras notar como le besaba la frente.
-¡Arista! Tenemos una idea para que toda la gente se marche.
-¿Cual?- Preguntó ella acercándose a sus dos hermanas.
-Sebastián.- Dijo convencida Ariel.
-Sebastián.- Exclamó la que le encerró hace unas horas.
-No encontramos la llave de la biblioteca.
-¿Qué?
-Se ha perdido, no esta en la mesita.
-¿Has mirado bien?
-¡Pues claro que he mirado bien!
-Vamos.- Cogió Adrina de las manos a sus hermanas.
-¿Sebastián?- Trucaron a la puerta de la biblioteca.
-¡Señoritas!¡No sabéis en que lío os habéis metido!¡Sacarme de aquí!
-Tranquilízate Sebastián ahora te sacamos.
-Es que ha habido un problemilla.- Intervino Arista.
-¿Cuál?
-Que no encontramos la llave.
-¿Qué?
-Tranquilo que te vamos a sacar.
Las chicas volvieron a buscar la llave.
-Creo que la he encontrado.- Dijo Adrina.
Las dos chicas se agacharon junto su hermana y miraron tras la rendija, donde se había colado la llave.
-Si, esta allí, al haberse caído habrá rebotado y se coló en la rendija.
-¿Y ahora qué?
-Hay que intentar cogerla.


-¿Cuántos hermanos tenías?
-Doce y yo soy el menor de todos.
-Vuestra casa debe de ser enorme para tantas personas.
-Si, pero ahora todos están estudiando fuera o trabajando, solo quedo yo.
-Ya, bueno, mi casa también es bastante grande, aunque solo estamos mi hermana, mis padres y yo.
-Tienes algo aquí.- Indico el chico la comisura de los labios.
-¿Dónde?- Se limpió el otro lado de la boca.
-Aquí.
Hans le limpió suavemente la mancha de chocolate. Los dos se miraron a los ojos y cada vez les separaban menos centímetros. La mano de Hans bajó para sujetar la barbilla de Anna, y esta se dejo llevar.
La pareja se sobresaltó al oír la canción 'Girlfriend' que provenía del bolso de Anna.
-Uy, perdón.- Se disculpó con una risilla nerviosa.
Cogió su móvil y vio la foto de su hermana en la pantalla.
-¿Si?¿Elsa?¿Dónde has estado?¡Ya es tan tarde!- Miró el reloj de su muñeca.- Ya voy,... ahora nos vemos. Lo siento mucho Hans, era mi hermana, nos tenemos que ir ya.- Explico rápidamente.
Tras reponerse y recoger todo paró un momento y no pudo evitar perderse en los verdes ojos del chico.- Me tengo que ir.- Volvió a la realidad.- Adiós.


-Creo que ya la tengo.- Grató Adrina emocionada.
Las tres hermanas tenían los dedos cruzados. Andrina tiró del palo y en el extremo encontraron la llave pegada a un chicle.
-Si.- Gritaron todas.
Arista cogió la llave, pero unos instantes después la tiró con un grito de asco al darse cuenta que tenía chicle que había masticado otra persona.
-Anda trae.- La cogió Ariel del suelo. La colocó en la cerradura y abrió la puerta.
-Insostenible, imperdonable, inadmisible.- Grito Sebastián al salir de la habitación.- Me habéis encerrado, y encima, mirar como habéis dejado la casa. Ya veréis cuando se entere vuestro padre.
-Nuestro padre no tiene porqué enterarse.
-Claro que se va a enterar, ya veréis cuando vea este desastre.
-Este desastre que tú debías haber impedido.
-Pe-pe-pero estaba encerrado.
-Ya verás cuando nuestro padre se entere de este desastre que estaba bajo tú mando. No le va a gustar nada, Sebastián.
El mayor suspiro.
-¿Qué tengo que hacer?
-Ayúdanos a limpiar.- Le entregó Ariel una bolsa de basura y una escoba.
Los cuatro bajaron a la planta de abajo.
-¿Y la gente?- Preguntó la pelirroja.
-Se ha ido,- se dejó caer Aurora en el sofá- nos ha costado, pero ya está, no hay nadie.
-Pero.. ¿cómo?
-Mejor no preguntes. Y a no nos tenemos que preocupar de eso.
-No ahora hay que limpiar.- Le levantó Bella del sofá.
-¿Qué?
-Vamos Rosa.- Tiró de ella.
Todos se pusieron a limpiar, Ariel y Sebastián recogían todo, Arista y Adrina barrían y pegaban todo lo que se había roto, Bella, con la poca ayuda de Aurora, limpiaba los cristales y las demás mancha y Max se encargó de la piscina.
Al cabo de un rato todo estaba limpio.
-Al fin.- Se dejaron caer todos en el sofá.
Pero el descanso duraron solo unos segundos cuando oyeron al coche aparcar en el garaje.
-Ya están aquí, correr iros.- Empujaron a Max y Sebastián a la puerta trasera.
-Pe-pe-pero...- Intento quejarse Max.
-Gracias por todo.- Le susurro Arista.
Max le sonrió.
-Tomar tirar la basura.- Le dio Ariel unas bolsa de basura y cerró la puerta en sus narices.- Por que poco.- Se apoyó en la puerta.