sábado, 9 de enero de 2016

Capítulo 17: Fin de la fiesta

La música sonaba por todas partes, había basura en todos sitios, la piscina estaba llena de espuma, se habían roto varios cristales y para colmo, todavía la casa estaba llena de gente.

-¿Qué hora es?- Preguntó Elsa.
-Van a ser las 21:00.- Respondió Bella mirando su reloj de muñeca.
-¿Ya? Tengo que encontrar a mi hermana, nos tenemos que ir.- Se levantó rápidamente e intento recoger todas sus cosas.
Abrieron la puerta y encontraron todo el pasillo lleno de gente y de basura.
-Pero, ¿qué ha pasado?
-No lo sé.
-A Ariel le va a matar su padre.
-No me extraña. Tengo que encontrar a mi hermana.- Dijo sacando su teléfono móvil.
Las dos chicas caminaron lentamente por el pasillo.
-Bella,- exclamó un pelirroja al girar la esquina- ¿dónde estabas?
-En el despacho.
-Por favor, dime que no está ensuciado y no hay nada roto.
-No, no, tranquila, ¿pero que ha pasado?
-Se nos ha ido de las manos han llegado universitarios y alumnos del instituto de todos los años. Ha sido un desastre.- Dijo mientras recogía los vasos y platos de plástico en una bolsa de basura.
-Ariel, ¿no habrás visto a mi hermana?
-No, hace un rato que no la he visto. La última vez estaba en el jardín, prueba allí.
-Vale, gracias.- Le sonrió.- Ah, y gracias por invitarnos. Adiós.
-De nada. Adiós.
-¿Qué ha pasado para este desastre?
-No lo sé, de repente había un montón de gente, de nuestra clase, de cursos mayores, ¡hasta universitarios! Bella, no sabemos como pararlo.
-Haber, tranquilízate. Lo vamos a solucionar. Oye, ¿qué habéis hecho al final con Sebastián?
-Sebastián, ¡Sebastián!- Exclamo preocupada la pelirroja. Y se fue corriendo.
-¿Ariel?- Le siguió Bella.- ¿Qué ocurre?- Dijo casi sin aliento al llegar a la puerta de la biblioteca.
-No, no, no está.- Dijo inspeccionando la mesa, donde solo se encontraba un jarrón.- No puede ser.- Palpó toda la superficie de la pequeña mesa.
-¿Qué buscas?
-Una llave.- Se agacho para mirar en el suelo.- Tenemos que buscar a Arista.- Le agarró de la mano y estiró de la castaña.


-Arista, Arista espera.- Le cogió el brazo, obligandola a parar. La rubia giró vagamente la cabeza, dejando ver sus ojos brillantes por las lágrimas que estaban a punto de brotar. - ¿Qué te ocurre?- Dijo casi sin aliento.
-No lo ves, ha sido un desastre y todo por culpa mía.
-No, no digas eso.
-Mis hermanas y yo nos la vamos a cargar, cuando ellas querían parar la fiesta y tener más cuidado. Pero yo, les dije que no, que se tranquilizaran, que nos pasaría nada, y mira el resultado.
-Todo va a salir bien.- Dijo quitandole el flequillo de la cara.
-No, Max, todo el mundo sabe que no. Lo único que podemos hacer es limpiar un poco para que sea lo menos desastroso posible.
-Mira,- dijo agarrándole las dos manos- todo va a salir bien, ¿de acuerdo?
La chica no le pudo responder, ni siquiera se atrevió a mirarle a los ojos.
-De acuerdo.- Susurró tras notar como le besaba la frente.
-¡Arista! Tenemos una idea para que toda la gente se marche.
-¿Cual?- Preguntó ella acercándose a sus dos hermanas.
-Sebastián.- Dijo convencida Ariel.
-Sebastián.- Exclamó la que le encerró hace unas horas.
-No encontramos la llave de la biblioteca.
-¿Qué?
-Se ha perdido, no esta en la mesita.
-¿Has mirado bien?
-¡Pues claro que he mirado bien!
-Vamos.- Cogió Adrina de las manos a sus hermanas.
-¿Sebastián?- Trucaron a la puerta de la biblioteca.
-¡Señoritas!¡No sabéis en que lío os habéis metido!¡Sacarme de aquí!
-Tranquilízate Sebastián ahora te sacamos.
-Es que ha habido un problemilla.- Intervino Arista.
-¿Cuál?
-Que no encontramos la llave.
-¿Qué?
-Tranquilo que te vamos a sacar.
Las chicas volvieron a buscar la llave.
-Creo que la he encontrado.- Dijo Adrina.
Las dos chicas se agacharon junto su hermana y miraron tras la rendija, donde se había colado la llave.
-Si, esta allí, al haberse caído habrá rebotado y se coló en la rendija.
-¿Y ahora qué?
-Hay que intentar cogerla.


-¿Cuántos hermanos tenías?
-Doce y yo soy el menor de todos.
-Vuestra casa debe de ser enorme para tantas personas.
-Si, pero ahora todos están estudiando fuera o trabajando, solo quedo yo.
-Ya, bueno, mi casa también es bastante grande, aunque solo estamos mi hermana, mis padres y yo.
-Tienes algo aquí.- Indico el chico la comisura de los labios.
-¿Dónde?- Se limpió el otro lado de la boca.
-Aquí.
Hans le limpió suavemente la mancha de chocolate. Los dos se miraron a los ojos y cada vez les separaban menos centímetros. La mano de Hans bajó para sujetar la barbilla de Anna, y esta se dejo llevar.
La pareja se sobresaltó al oír la canción 'Girlfriend' que provenía del bolso de Anna.
-Uy, perdón.- Se disculpó con una risilla nerviosa.
Cogió su móvil y vio la foto de su hermana en la pantalla.
-¿Si?¿Elsa?¿Dónde has estado?¡Ya es tan tarde!- Miró el reloj de su muñeca.- Ya voy,... ahora nos vemos. Lo siento mucho Hans, era mi hermana, nos tenemos que ir ya.- Explico rápidamente.
Tras reponerse y recoger todo paró un momento y no pudo evitar perderse en los verdes ojos del chico.- Me tengo que ir.- Volvió a la realidad.- Adiós.


-Creo que ya la tengo.- Grató Adrina emocionada.
Las tres hermanas tenían los dedos cruzados. Andrina tiró del palo y en el extremo encontraron la llave pegada a un chicle.
-Si.- Gritaron todas.
Arista cogió la llave, pero unos instantes después la tiró con un grito de asco al darse cuenta que tenía chicle que había masticado otra persona.
-Anda trae.- La cogió Ariel del suelo. La colocó en la cerradura y abrió la puerta.
-Insostenible, imperdonable, inadmisible.- Grito Sebastián al salir de la habitación.- Me habéis encerrado, y encima, mirar como habéis dejado la casa. Ya veréis cuando se entere vuestro padre.
-Nuestro padre no tiene porqué enterarse.
-Claro que se va a enterar, ya veréis cuando vea este desastre.
-Este desastre que tú debías haber impedido.
-Pe-pe-pero estaba encerrado.
-Ya verás cuando nuestro padre se entere de este desastre que estaba bajo tú mando. No le va a gustar nada, Sebastián.
El mayor suspiro.
-¿Qué tengo que hacer?
-Ayúdanos a limpiar.- Le entregó Ariel una bolsa de basura y una escoba.
Los cuatro bajaron a la planta de abajo.
-¿Y la gente?- Preguntó la pelirroja.
-Se ha ido,- se dejó caer Aurora en el sofá- nos ha costado, pero ya está, no hay nadie.
-Pero.. ¿cómo?
-Mejor no preguntes. Y a no nos tenemos que preocupar de eso.
-No ahora hay que limpiar.- Le levantó Bella del sofá.
-¿Qué?
-Vamos Rosa.- Tiró de ella.
Todos se pusieron a limpiar, Ariel y Sebastián recogían todo, Arista y Adrina barrían y pegaban todo lo que se había roto, Bella, con la poca ayuda de Aurora, limpiaba los cristales y las demás mancha y Max se encargó de la piscina.
Al cabo de un rato todo estaba limpio.
-Al fin.- Se dejaron caer todos en el sofá.
Pero el descanso duraron solo unos segundos cuando oyeron al coche aparcar en el garaje.
-Ya están aquí, correr iros.- Empujaron a Max y Sebastián a la puerta trasera.
-Pe-pe-pero...- Intento quejarse Max.
-Gracias por todo.- Le susurro Arista.
Max le sonrió.
-Tomar tirar la basura.- Le dio Ariel unas bolsa de basura y cerró la puerta en sus narices.- Por que poco.- Se apoyó en la puerta.


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