Bella miraba detenidamente la mansión que tenía frente a sus ojos. Volvió a mirar en papel de su mano, si la dirección estaba bien. Respiro profundamente y llamó al timbre.
-¿Si?- Se oyó la voz de una moje mayor.
-Hemm, soy Bella.
Y la puerta se abrió ante ella.
-Pasa, pasa.- Dijo la misma voz que sonó en el timbre, la que tenía forma de una mujer baja de unos 50 años, con la cara regordeta.- ya me habían dicho que vendría una chica, muy guapa por cierto.- Le sonrió a la muchacha.
-Hemm, gracias.
-A ayudar al señorito con la escuela.
-Si,- le sonrió Bella- ¿dónde esta?
-Oh si, sígueme.- Gritó la mujer.- Además, Chip está muy emocionado con el trabajo.
-Si, la verdad que y también tengo ganas de pasar tiempo con él.- Bella caminaba por los largos pasillos, no podía dejar de mirar a todas partes, no lo podía creer, parecía un palacio.
-Esta es la biblioteca.- Le señalo, abrió las puertas de la habitación y millones de estanterías llenos de libros aparecieron tras estas y unas grandes cristaleras que dejaban pasar la luz que iluminaba la habitación.
-Guau, no había visto tantos libros juntos.
-Si, la madre del señor es una gran fan de la literatura. El señorito ahora bajara, ¿le gustaría tomar algo?¿té?¿café?¿algo de comer?
-No, gracias, bueno, si puede traer agua.
-Claro.
-¿Cómo crees que le debe estar llendo a Bella?
-No lo sé, espero que bien.
-Yo también.
-Bueno, tengo que estudiar. Adiós Rosa
-Adiós, Ari.
Ariel apago el móvil y sacó los libros y cuadernos de su mochila, mientras se ponía a estuudiar alguien toco en la puerta.
-¿Si?
La cabeza de su madre se asomó por la puerta.
-Ariel, cielo, ¿podemos hablar?
-Emm, si claro.
-Cielo, me tienes un poco preocupada por el tema del club de natación. ¿Me puedes decir la verdad?¿Hay un chico o algo?
-La verdad es, - la joven jugueteaba con sus dedos- mamá, tranquila no es tan malo como te piensas, estoy apuntada en el club de natación- se levanto del asiento- y... si, hay un chico el capitán del club. Y antes que no digas nada, no, no me apunte en el club por él, es más estaba apunto de no apuntarme por él.
-Entonces, ¿porqué tanto misterio con no irte a ver a natación?
-Es que soy la más pequeña del club y... todo los demás son chicos. Tenía miedo de que si papá se enteraba no me dejara apuntarme al club.
-Ariel, no digas tonterías, ya sé como es tu padre pero...
-Mamá, me paseo en bañador y mojada delante de unos 15 chicos. No hay que ser papá para ponerse en lo peor.
-Bueno, si, quizás tienes razón. Y... ¿cómo es el chico?-Ariel sonrió para sí.
-Es Eric, ya sabes el que va al curso con Arista y Adrina, nuestro vecino de la casa de la playa.
-Es muy guapo.- Le sonrió su madre.
-Lo sé.- se tiró Ariel en su cama.- y es simpático, amable... pero tiene novia- se levanto- y es una bruja, Arista la odia, y no me extraña.
-Ariel...
-¡Mamá!- Se oyó la voz de su hermana en el pasillo.
-¿Qué ocurre?
La cabeza de Adrina asomo por la puerta.
-Mamá, ¿puedes bajar al salón?
-Si voy.- Se levantó.
Rebecca se tiró en la cama boca arriba.
-John Smith.- Suspiró.
No se lo podía creer le había tocado de pareja John Smith, siempre le había gustado, bueno, le parecía guapo, pero nunca podría salir con alguien tan materialista, tan capitalista, su padre era un empresario y por su culpa se han talado millones de árboles para construir sus casa y hoteles. Pero él, bueno, él... es tan guapo.
Alguien llamo a su puerta.
-Adelante.- Dijo la chica de pelo negro mientras se levantaba.
-¿Rebecca?- Preguntó su padre.- ¿Puedes bajar un momento? Quiero presentarte a alguien.
-Si, claro.
La joven siguió a su padre hasta el salón donde le esperaba sentado un hombre de mediana edad.
-Mira, el es Powhatan, un viejo amigo del colegio.
-Si tu padre era mi mejor de jóvenes nos sabes todas las travesuras que hacíamos.- Se rió el hombre.
-Encantada, yo soy Rebecca.- Le sonrió estrechando la mano.
-Y el es su hijo Kocoum.- Señalo a un joven alto y fuerte de melena negra.
-Hola.- Se saludaron.
-Se acaban de mudar a la ciudad y yo he pensado que le podrás enseñar la ciudad y el instituto.
-Bueno,- comenzó a decir Arista.- ya sabéis que en el instituto somos famosas por las fiestas de piscina.
-Si, y como ya estamos a mitad de septiembre y dentro de unas semanas ya vendrá el frío,- continuo diciendo Adrina a sus padres que estaban sentados en la mesa- hemos decidido que podríamos hacer una fiesta el viernes para despedir el verano.
-¿Qué?- Gritó Tritón.
-Por fa, por fa, por fa...- empezaron a decir a la vez las dos hermanas.
-No, no, no.
-Oh vamos, papá, la última fiesta del año.
-A mi me parece una idea estupenda. Pero sería la última.
-Si, claro, hasta el verano que viene.
-¿Sería la última?- Pregunto el hombre.
-¡Por faaaaa!
-¿Cuántos seríais?
-Sobre 20.- Dijo Adrina.
-Bueno, igual se acerca más a 30.- Rectificó Arista.
-35.- Dijo Ariel detrás de ellas- Así puedo invitar a alguna de mis amigas.
-Oh vamos, cariño, así podríamos pasar un día nosotros solos.- Le abrazo su brazo su mujer.
-¿Qué las vamos a dejar solas?- Volvió a gritar el hombre.
-¡Por favooooor!- Dijeron las tres al unisono.
El robusto hombre de barba blanca simplemente se limito a gruñir.
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