-Haber tranquilizaos, la gente empezara a venir y tampoco es para tanto.
-No Aurora, a saber que dice la gente cuando sepa que la fiesta esta vigilada por un profesor.- Dijo Arista.
Bella y Aurora llegaron un poco antes para ayudar con la fiesta.
-Papá, esta vez se a pasado.- Concluyó Ariel.
-Sebastián, por favor te puedes ir.- Pidió un Andrina.
-No me pienso ir, yo hago lo que vuestro padre me encarga y lo voy a cumplir.
-Tranquilas,- intentó calmar Rosa a las hermanas- igual, hay una manera de que Sebastián vigile la fiesta pero nadie se tiene que enterar.- Se giró hacia el adulto que no perdió la compostura a pesas de su mirada.
-A la biblioteca.- Exclamó Arista- Lo siento mucho Sebastian pero de ahí no vas a salir.- Le indicó.
-Pero vuestro padre...
-Nuestro puede decir lo que quiera.
-Sebastian, tú estas en la biblioteca vigilando y si ves o oyes que ocurre algo ya sales y ya esta todos contentos, porque nadie va a saber que un profesor del instituto vigila la fiesta porque la fiesta no se nos va a ir de las manos y tú no tendrás que hacer nada.- Indico Andrina.
El serio empleado hizo un gesto de poco convencido.
-Por favor.- Dijeron todas las chicas cogiéndose las manos y acercándoselas a la barbilla.
-De acuerdo, pero no quiero ningún problema.- Dijo con su acento caribeño.
-De acuerdo, gracias, gracias.
El timbre sonó.
-Vamos,- dijo una hermana algo asustada- a la biblioteca.- Le estiró la mano y le llevó hasta la biblioteca.
-Y recuerda no puedes salir de aquí.- Le recordó Ariel.
-Y recordar que no haya ningún problema.
-Si, si. Tú no salgas de aquí.- Dijo Arista.
Ariel y Arista salieron de la habitación.
-¿Qué haces?- Preguntó la pelirroja a sus hermana.
-Este no nos va a fastidiar la fiesta.- Susurro la rubia mientras metía la llave en la cerradura de la puerta.
-¿Lo vas a encerrar?
-No me fío de él.
A Ariel la verdad no le disgustaba la idea.
-Oye, ¿y si tiene ganas de ir al baño?
-Pues no lo sé, bueno, de igual. Vamos.- Colocó la llave un la mesita de al lado de la puerta.
Las dos hermanos bajaron corriendo las escaleras hasta la entrada, donde las esperaban las amigas de las hermanas mayores que acababan de llegar.
-Aquata.- Exclamo Arista.
-Alguien me dijo que había una fiesta en casa de los Andersel, y yo me dije las fiestas de piscina de los Andersel son legendarias, no me la puedo perder.
-No me puedo creer que hayas venido.- Se lanzó a abrazarla.
-Tranquila,- se rió la hermana mayor- ¿dónde están las demás tengo unas ganas de abrazarlas?
-En la cocina o la piscina.
-Ah, Arista, he invitado a unos amigos de la universidad, espero que no os importe.
-Estas en tu casa Aquata, no pasa nada.
Tras la morena Andersel entraron una docena de chicos y chicas.
La gente fue llegando poco a poco y el timbre no paraba de sonar.
-Hola- exclamó Ariel al abrir la puerta.- Habéis venido al final.
-Si, no nos lo íbamos a perder.- Dijo Anna emocionada.
-Gracias por invitarnos.- Dijo Elsa serenamente sin la intensidad de las dos pelirrojas.
La pelirroja había seguido los consejos de su hermana y se había puesto un peto negro y la camiseta que Elsa le había descrito, debajo vestía un bikini de distintos colores, además llevaba dos sus características trenzas. Mientras hermana llevaba un bañador azul de una pieza que escondía debajo de unos shorts tejanos, un camiseta blancas de tirantes básica y una kimono azul transparente, se protegía su cara con unas grandes gafas de sol y una gran pamela blanca, además tapaba toda su blanca piel con mucha crema solar.
Elsa al ver tanta gente en la casa se agobió un poco y decidió ir a la cocina a beber un vaso de agua.
-Oye, Ariel,- comenzó a decir Anna.
-¿Si?- Se giró esta.
-¿Tú sabes si está Hans en la fiesta?
-¿Quién?
-Hans, un alumno de último año, he oído que iba a venir.
-¿A sí? No lo sé, supongo que le habrá invitado mis hermanas.
Aurora se encontraba tumbada en una hamaca rodeada de chicos. Llevaba un bañador de una pieza negro sin tirantes que contrastaba con su blanca piel y su pelo dorado.
-Siempre he querido ir a una fiesta universitaria, por desgracia aun queda unos años para eso.
-No tiene porque, puedes ir si te invita un universitario.- Dijo un chico musculo y rubio a su izquierda.
-Bueno, no sé para que tendré que esperar más.
-Igual no tienes que esperar tanto.- Indico el moreno de la derecha.
-Bueno, yo no estoy tan segura.- Suspiro.
El moreno de ojos verdes le devolvió la sonrisa, pero los ojos violetas de Aurora se desviaron hacia una pelirroja bajita que andaba unos metros más atrás.
-Perdonarme,- se levantó- ahora vengo.- Les indicó.
Los chicos hicieron gestos que explicaban que no ocurría nada. Y Aurora se giró en busca de su amiga.
-Ariel.- Exclamó.
La pelirroja se giró y observo como su amiga vestida en un bañador negro de una sola pieza sin tirantes acercándose, nunca se imaginó como un bañador podría quedar mucho más sexy que un bikini hasta ver a su amiga, aunque a las personas de piel blanca no le suelen quedar los bañadores negros por falta de moreno su amiga era distinta, resplandecía con todo lo que se pusiera, por no habla de sus piernas kilométricas, cada vez que la miraba dudaba menos del porqué le habían dicho de la posibilidad de ser modelo. Además llevaba una pamela grande parecida a la de Elsa y unas cagas de sol.
-Esta fiesta es increíble.- Dijo entusiasmada en un tono agudo.
-Ya veo que has encontrado tu sitio.- Sonrió mirando a los chicos que hace unos instantes la estaban rodeando.
-Ya,... ¿y tú?¿Has visto a Eric?
-¿Qué? No, bueno si, una sola vez y estaba con Vanesa.
-¿La habíais invitado? - Dijo cogiendo una bebida de la mesa.
-No, pero supongo que habrá venido con él, es normal, es su novia.
-Te veo algo preocupada.
-¿Por qué piensas eso?
-Aún no te has bañado.
-Si, es que creo que hay demasiada gente.
-Ariel, siento decirte esto pero...
-¿Qué pasa?
-Te tienes que preocupar por algo más...
-¿El qué?
-Esto lleva alcohol.- Indicó el vaso.
-¿Qué?
-Que lleva alcohol.
-No, no, no puede ser.- Dijo oliendo el vaso.- Tengo que hablar con mis hermanas, luego nos vemos.
Ariel fue ando rápida con el propósito de hablar con una de sus hermanas, y Aurora se dio la vuelta y volvió donde antes se encontraba sentada.
Anna estaba muy inquietada, corría de un lado para otro y preguntaba a todo el mundo si había visto a Hans, aunque siempre le respondían lo mismo, no.
-Anna, espera no vayas tan rápido.
Su hermana no la podía oír y seguía recorriendo toda la casa. Elsa solo podía ver a mucha gente y mucho ruido, contemplo vagamente como su hermana se alejaba de ella e intento seguirla pero su cabeza daba vueltas y la perdió de vista, su pulso se agitó y solo podía contemplar a un remolino de personas. Ando hacia atrás con pequeños pasos, hasta que se chocó con la pared, sintió en su mano el tacto de la madera, miró a su otra mano y encontró un pomo, una puerta, la abrió rápidamente y se escondió en esa sala.
-Menos mal.- Se dijo a si misma cerrando la puerta detrás de ella y apoyándose en esta. Respiró profundamente apoyándose con las manos en una mesa, notaba como sus pulsaciones poco a poco se bajaban. Se enderezó y disfrutó del silencio que inundaba la habitación, miró por la ventana y observaba lo que se suponía que era divertido, una piscina llena de jóvenes riendo y jugando, con comida y bebidas. Miraba a las chicas que se encontraban encima de los hombros de unos chicos, a Ariel hablando con todo el mundo, a las pelotas de playa que iban de un lado para otro, a Aurora hablando con chicos, a los que parecían mayores que ella sin camiseta.
El ruido de la puerta abriéndose, le hizo estremecerse.
-¿Elsa?
La joven pudo ver a su compañera de clase que vestía un sencillo vestido azul claro y recogía su castaña melena en una coleta baja.
-¿Qué haces aquí?
-Necesitaba un lugar tranquilo.- Dijo mirándola a los ojos.
-Si, te entiendo, yo también estaba buscando un sitio tranquilo.
-Me alegra saber que no soy la única que no le gustan las fiestas.- Dijo más calmada.
-Si, Ariel y Aurora, básicamente me obligan a ir a todas las fiestas que les invitan, se suponen que lo hacen para que pasemos un buen rato juntas, pero luego muy pocas veces suele ocurrir.- Se sentó en el sofá y colocó una bandeja de comida sobre la mesa delante de ella.
-Ya, yo he venido para acompañar a mi hermana.- Dijo sentándose a su lado. Elsa miró la bandeja llena de dulces y pequeños trozos de sándwiches que Bella acababa de colocar.
-Oh, una chica me entrego la bandeja para que llevara la comida a no se donde, pero yo he preferido traerla conmigo porque seguro que me entra hambre.
Elsa rió tímidamente ante la corta historia.
-¿Has traído libros?- Preguntó al percatarse del par de libros que sostenía su compañera en el regazo.- Yo también he traído uno, aunque tenía algo de miedo al traer un libro a una fiesta de la piscina.- Sacó de su bolso el libro que tenía medio empezado.
-Te comprendo, el agua y los libros no se llevan muy bien.- Le sonrió.- No me suena, ¿de qué va?
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